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Las arrugas dinámicas del rostro, es decir, las que se muestran más al realizar determinados gestos, como fruncir el ceño, reir o subir las cejas, se deben a la tracción de los músculos que hay debajo de las mismas.
El botox, al ser inyectado en esos músculos, anula el impulso eléctrico que llega hasta ellos, paralizando las fibras musculares temporalmente. Los músculos se relajan y se observa primero una atenuación de las arrugas, para, en los dias siguientes, prácticamente desaparecer.
La piel estará mas lisa y la cara más relajada, contribuyendo a dar un aspecto más joven sin que la forma de expresión del rostro se vea modificada.
El botox se inyecta con una aguja muy fina, por denervación química de la placa motora, provocando la parálisis temporal de las arrugas durante unos 6-8 meses. La aplicación repetida acortará la potencia de estas líneas de expresión, disminuyendo de manera importante su manifestación y haciendo que las aplicaciones se distancien cada vez más.
Ésta técnica representa un método simple y eficaz para el tratamiento de las arrugas de expresión, evita la cirugía y puede ser complementado con otros tratamientos como láser y rellenos.
El efecto pleno del botox se logra entre cuatro y ocho días después de su aplicación. La duración de ese efecto oscila entre cinco y seis meses. Es posible aplicar otro tratamiento cuando desaparecen los efectos del primero, siendo así más duraderos.
Dependiendo del caso, en algunos pacientes, el efecto puede alargarse hasta los seis meses.
Las sesiones duran unos 20 minutos, administradas de una en una y pueden repetirse cada cuatros, cinco o seis meses sin problema alguno.
El tratamiento no requiere de reposo, únicamente hay que tener cuidado, durante las cuatro horas siguientes, con no frotarse la cara al lavarla, ni al acostarse ni frotarse ninguna de las zonas donde se haya aplicado el producto para evitar que se desplace.
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